Washington se olvida de la compra de Groenlandia pero no le quita el ojo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse sacado de la cabeza la idea de comprar Groenlandia. En agosto del año pasado anunció su intención de adquirir esta isla del Ártico, territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, algo que muchos calificaron de ocurrencia, broma y absurdidad. Leer más..

El rechazo unánime de daneses y groenlandeses provocó la indignación de Trump, que acabó cancelando su viaje al país escandinavo, previsto pocas semanas más tarde.

Ayer, un año después del desaire de Trump, su secretario de Estado, Mike Pompeo, hizo escala en Copenhague dentro de su gira por Europa. Las relaciones de los dos países en el Ártico, y en especial en Groenlandia, eran el principal punto en la agenda, pero el asunto de la compra de la isla quedó al margen de toda negociación, aseguró el ministro danés de Exteriores, Jeppe Kofod, en la rueda de prensa posterior. “Esa discusión se trató el año pasado; hoy no ha estado encima de la mesa”, zanjó, e insistió en que las conversaciones se basaron en fortalecer la cooperación y fueron “buenas y productivas”, también con los representantes de Groenlandia y las Islas Feroe, ambos territorios autónomos de Dinamarca.

Pompeo se reunió primero con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, para después almorzar con Kofod y los responsables de Exteriores de los gobiernos autónomos de Groenlandia y las Feroe, Steen Lynge y Jenis av Rana.

Pompeo ni siquiera se refirió a la cuestión de la compra, aunque subrayó que la cooperación entre EE.UU. y Dinamarca –así como el resto de “naciones libres”– en la región ártica es urgente ante “la nueva competencia por parte de países que no siempre juegan con nuestras reglas de libertad, transparencia, soberanía y sostenibilidad, si es que alguna vez lo hacen”, en referencia a China y Rusia. Recordó su discurso en mayo del 2019 en la reunión del Consejo Ártico en Finlandia, donde afirmó que EE.UU. entraba en “una nueva era de compromiso estratégico en la región ártica”.

Esas palabras marcaron el inicio de la nueva ofensiva estadounidense en esta región remota del planeta, relegada a un segundo plano político desde el fin de la guerra fría pero con una valoración al alza conforme se acelera el deshielo. Sus abundantes recursos naturales –se calcula que alberga el 13% del petróleo y el 30% del gas no descubiertos en el mundo, además de uranio, minerales raros, oro y diamantes– y su posición geoestratégica han convertido al Ártico en tablero de juego de EE.UU., Rusia y China, con pequeñas naciones como Dinamarca en medio de la batalla.

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