Papa Francisco reconoce martirio de sacerdote asesinado en 1980 para beatificarlo

El arzobispo de San Salvador monseñor  José Luis Escobar Alas expresó su congratulación por  el reconocimiento del Papa Francisco al martirio del sacerdote italiano Cosme Spessotto, asesinado en el municipio de San Juan Nonualco, departamento de la Paz  en 1980 por los escuadrones de la muerte. Leer más..

«Hoy el mundo se alegra con la aprobación que el Papa Francisco ha hecho, haciendo brillar la virtud de este sacerdote, Cosme Spessotto. Un santo, no solo porque murió de esa manera, sino por su sacerdocio», escribió en su cuenta de twitter monseñor Alas .

El sumo pontífice  reconoció el martirio del sacerdote italiano Cosme Spessotto, conocido como Sante que al igual que San Oscar Arnulfo Romero canonizado en octubre de 2018 y el padre Rutilio Grande quienes fueron asesinados por  los fatídicos Escuadrones de la Muerte en 1980.

La declaración de martirio es decisiva para la beatificación, ya que suple el reconocimiento de un milagro.

Spessotto nació el 28 de enero de 1923 en Mansuè (Treviso) y fue enviado a Centroamérica como misionero en 1950 y asignado a San Juan Nonualco (El Salvador), donde construyó una iglesia parroquial, talleres para enseñar a los niños un oficio y una escuela parroquial para las clases de primaria, explica el Vaticano en su biografía.

Por su atención a los pobres, el sacerdote italiano, como muchos durante esa época, fue amenazado de muerte por militares y escuadrones.

Fue asesinado el 14 de junio de 1980 mientras, arrodillado en el banco de una iglesia cerca del tabernáculo, tenía la intención de leer la Palabra de Dios. Dos personas, usando pelucas que ocultaban su identidad, entraron en la iglesia y le dispararon con una ametralladora.

El Vaticano explica que el cura «no hizo política» sino que «ejerció su ministerio sacerdotal, tratando de mediar entre las partes en conflicto» y, por lo tanto, es posible identificar como motivo de su muerte el «odium fidei», es decir, el odio a la fe.

El martirio -añade la Santa Sede- también surge de sus escritos, en los que expresó su disposición a perdonar a sus posibles asesinos. Sabía que estaba en peligro porque había recibido amenazas.

«Los superiores le habían sugerido que regresara a Italia, pero él, impulsado por la caridad pastoral, quería quedarse en El Salvador para no abandonar a su pueblo», se lee en la nota.

El pasado 22 de febrero, Francisco también aprobó el decreto que reconocía el martirio del sacerdote salvadoreño Rutilio Grande, asesinado en 1977, y de las dos personas que fallecieron con él en la emboscada: Manuel Solórzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 15, cuando se dirigían a celebrar la eucaristía y fueron tiroteados en el vehículo que los desplazaba.

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