Adicciones, miedo a la muerte y depresión: Joaquín Sabina, a mitad de camino entre el infierno y el cielo

Desde una silla de ruedas que empujaba Joan Manuel Serrat y mirando al público, Joaquín Sabina volvió a tomar el micrófono en la noche de este miércoles, el mismo día que cumplía 71 años. Estaba claro que ya no cantaría, y eso era lo de menos: se esperaba que sus palabras aportaran alivio. Lo hicieron.

“Me he dado un golpe muy fuerte en el hombro”, explicó el músico sobre su caída desde el escenario ocurrida unos minutos antes en el Wizink Center de Madrid. Un foco lo habría encadilado -en un principio se habló de un desmayo-, confundiendo sus pasos y precipitándolo al foso.

Sabina anunció también lo obvio: el recital se había cancelado. Y hasta se permitió bromear: “Estas cosas me pasan solo en Madrid…”. Sus admiradores suspiraron. Si hasta les pidió que guardaran las entradas, que el 22 de mayo volverían a verse, que unos y otros se tomarían revancha de ese traspié.

El alivio se fue apagando con el correr de las horas, a la vez que iban encendiéndose las alarmas. Este jueves Sabina debió ser operado de urgencia “para la realización de una evacuación de un hematoma intracraneal en el hemisferio derecho», según informa el parte médico firmado por la doctora Mercedes Cuesta Nuin.

La intervención fue exitosa. Internado en la Unidad de Cuidados Intensivos de Hospital Ruber Internacional, se encuentra “estable”, aunque también presenta diversos traumatismos: de hombro izquierdo, torácico y craneoencefálico. Un nuevo informe llegará en 24 horas; se espera que sus palabras aporten alivio.

 

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