El turismo desmedido tiene en jaque a desierto La Tatacoa en Colombia

El desierto de la Tatacoa, una reserva natural de 56.000 hectáreas, en Colombia- se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los turistas de ese país  y extranjeros. Sus imponentes paisajes, donde sobresale el color rojizo de sus montañas, la exuberante flora y fauna que habita en el bosque seco tropical y la posibilidad de observar las estrellas en la noche han hecho que más de 300.000 personas lo visiten cada año, según la Gobernación del departamento de Huila.

El incremento acelerado de visitantes por la popularización del desierto como destino turístico ha impulsado la construcción de hoteles y hostales. En la actualidad, en Villavieja hay 54 prestadores de servicios de alojamiento con Registro Nacional de Turismo activo, de los cuales 16 están en La Tatacoa.

Este incremento desmedido ha hecho que los habitantes vendan sus terrenos a los constructores y que la mayoría de las tierras sean privadas. “Aunque es bueno potenciar el territorio, hemos perdido parte de nuestro patrimonio. A estas zonas ya no nos dejan acceder y no podemos buscar fósiles, que aquí es una actividad tradicional por ser terreno paleontológico”, dijo uno de los habitantes.

En una de estas zonas fue construido el Bethel Bio Luxury Hotel, uno de los hoteles más lujosos de la región. En la parte más alta de La Tatacoa están las imponentes instalaciones enmarcadas entre los ocres y grises del desierto, y el verde de los cactus. El espejo de agua que forman sus piscinas naturales es quizá su principal atractivo.

Y, a lo largo de sus 320 hectáreas, están los Bioeggs, unos huevos gigantes inspirados en los dinosaurios que están al aire libre; la Casa Bethel, una construcción de cien años de madera de mangle; los Glampings, desde donde se puede observar las estrellas por la noche; los Eco Cavs y los Bed Pings. El precio por noche oscila entre $700.000 y $1’200.000.

A pesar de ser descrito como un hotel mágico que está basado en un concepto bio, el establecimiento ha acaparado los titulares luego de que la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM), en un documento, los acusara de violar las normas del manejo ambiental como, por ejemplo, alterar la hidrología y construir en zona de restauración. El 27 de diciembre de 2019, la entidad emitió la resolución 3569 en la que impuso una multa de más de $790 millones y ordenó el cierre y la demolición del establecimiento.

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