Un extremista a cargo de la frontera de EE UU

Las ideas de Stephen Miller sobre las fronteras y la cultura norteamericana ya eran como mínimo excéntricas en la política de Estados Unidos, sin necesidad de saber lo que piensa en la intimidad. La derecha consideraba a este asesor del presidente Donald Trump un “caso aparte” en el debate sobre la inmigración. Para la izquierda es un fascista de Santa Mónica.

Pero ahora el país ha visto por escrito otro nivel de pensamiento, directamente nativista y supremacista, del hombre que tiene la llave de la política de inmigración en la era de Trump.

En los correos, Miller hace suya propaganda de páginas de supremacismo blanco como American Renaissance o VDare, una web que ha inspirado tiroteos racistas de descerebrados convencidos de que la raza blanca está siendo atacada.

En un correo, le propone a Breitbart un artículo sobre El campamento de los santos, la novela que inspira a la ultraderecha nacionalista blanca global. Cuando habla de delitos, se fija en aquellos cometidos por no blancos, según el análisis de los correos de SPLC.

Cuando habla de inmigración, solo parecen preocuparle los inmigrantes que no son de raza blanca. Parece compartir la obsesión de la ultraderecha con la teoría de la “sustitución de los blancos”. Miller escribió estos mensajes un año antes de las elecciones de 2016, cuyo resultado le sacaría de la derecha marginal de Internet para colocarlo en la Casa Blanca.

Cuando los políticos piden dimisiones, suelen ser de cargos electos o de rivales en las urnas. No es habitual que haya una petición pública de dimisión de un oscuro asesor cuyos poderes no están claros. Pero la historia de la presidencia de Donald Trump no se puede entender sin Stephen Miller.

El 15 de noviembre, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez lanzó una petición online para que Miller dimita por ser un “supremacista blanco declarado que controla la política de inmigración de Estados Unidos, con más de 70.000 niños detenidos”. La página millermustgo.com tenía 127.000 firmas este miércoles.

Este personaje secundario de 34 años es el dueño absoluto de la política migratoria de Estados Unidos. La única voz que escucha el presidente. La furia antinmigrantes ha desafiado leyes, décadas de tradición de asilo, relaciones exteriores, doctrinas constitucionales y al propio Congreso, republicanos incluidos.

No hay un momento de revelación en la biografía de Miller. Siempre ha sido un xenófobo. Empezó a colaborar con programas de radio de la órbita de la derecha mientras estaba en el instituto en Santa Mónica (Los Ángeles). En una ciudad donde la mitad de la población es latina, Miller empezó a crear su personaje en el instituto provocando con su desprecio a los latinos. Tenía 14 años cuando le dijo a un compañero que no podía ser su amigo porque era latino. Escribió un artículo para un periódico local quejándose de que los latinos no hablaban bien inglés y que los carteles estaban en dos idiomas.

El ascenso de Miller en la derecha más reaccionaria contra la inmigración fue meteórico. En la universidad de Duke se fue haciendo una voz habitual de la radio de derecha. En esa época escribió un artículo quejándose de aquellos que ven la cultura de Estados Unidos como una amalgama de otras culturas.

Al terminar la universidad, empezó a trabajar para la congresista Michelle Bachmann, de Minnesota, una de las voces fundacionales del movimiento radical republicano Tea Party en 2007. Ahí conoció al político que haría despegar su carrera, el senador por Alabama Jeff Sessions, cuyo racismo ha sido educadamente denunciado a lo largo de años.

Sessions fue el primer republicano de peso que dio su apoyo público a Donald Trump en 2016, cuando la mayoría del partido aún se tapaba la nariz. Miller, por entonces ya una voz prominente en defensa de la pureza de EEUU frente a la inmigración en la órbita de Breitbart y el ideólogo Steve Bannon, pasó a formar parte de la campaña de Trump y, posteriormente, del círculo íntimo del Despacho Oval.

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