Flamengo es campeón de la Copa Libertadores

Prometía ser única esta final de la Copa Libertadores​ en Lima, y lo fue. Con un cierre desaforado, impensado, con un minipartido enloquecido dentro del partido más largo y racional.Leer más

Los focos se quedarán en Gabriel Barbosa, que así como River​ pasó de ser bicampeón a subcampeón en un suspiro, él pasó de ser el peor jugador de la cancha en la figura. Dos goles en menos de cuatro minutos, el primero a los 89 para empatar una final que Flamengo padeció durante casi ochenta minutos y que festejó en cuatro. El cielo y el infierno mezclados.

¿Cómo se explica? ¿Lo perdió River? ¿Lo ganó Flamengo​? ¿Gallardo se equivocó con los cambios?

Un poco de todo, después un primer tiempo perfecto al equipo de Gallardo se le escurrió de las manos la Copa, por una mezcla de errores propios y virtudes ajenas, como suele ser. Y porque queda otra vez demostrado: el 1-0 puede ser traicionero.

River y su entrenador habían ganado con amplitud la batalla táctica en un primer tiempo de pizarrón perfecto, ideal. Presionando con Borré y Suárez a los defensores de Flamengo, casi con salvajismo. Un plan completo, porque impidió que los de Jorge Jesús salieran del fondo y armaran su juego a partir de los laterales Rafinha y Filipe Luis. River minimizó al monstruo brasileño sin piedad en ese lapso, un largo lapso.

Flamengo no pudo ocultar su sorpresa por el rigor físico que impuso River en cada cruce y lo que parecía un pecado, seguir intentando por abajo y nunca saltar líneas con una pelota larga, se convirtió en su sello de identidad. Como Gabigol, hizo de un pecado virtud. Pero eso fue mucho después.

En esos 75 minutos, algo más, Javier Pinola y Enzo Pérez pedían Selección. Sabían todo, ejecutaban todo a la perfección. Pero el plan necesitaba un gol más o muchas piernas más. Y no aparecieron.

 

Nos encantan tus comentarios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.